Visibilidad lésbica

 

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Hace unos días fue el Día de la Visibilidad Lésbica y pude comprobar que aún estamos lejos de que se nos acepte plenamente en la sociedad. Hay quienes se preguntan por qué es necesario este día, “si ya existe el del Orgullo Gay”, y ahí precisamente es donde está la causa de que tengamos que dedicar días específicos a la lesbofobia, la bifobia y la transfobia, porque de las cuatro letras que forman la sigla LGBT, parece mucha gente solo ve la G. Dicho de otro modo, la cara más visible del colectivo son los hombres cis gays. Si concretamos aún más, hombres cis gays de clase alta y normativos, o sea, sin pluma,  que sean “my hombres” (todo esto nos llevaría a analizar la misoginia en el colectivo cisgay, pero no es el tema ahora).  Al ser ellos el centro de todo, a menudo se tiende a pensar que sus reivindicaciones y necesidades son las de todo el colectivo LGTB, y esto invisibiliza al resto. Somos un colectivo unido porque sufrimos ciertas opresiones comunes, pero esto no impide que dentro del propio colectivo haya diferencias. En el caso de las lesbianas, además de la homofobia, se nos suma el hecho de que somos mujeres, lo cual resulta en una opresión diferente a la que sufren los hombres gays, y en el caso de las lesbianas trans, además, se une la transfobia por la que muchas veces ni siquiera se las incluye dentro del colectivo de lesbianas.

Basta con leer a feministas lesbianas para darnos cuenta de que nuestra posición en la sociedad y nuestra historia no son las mismas que las de los hombres gays. Hemos estado invisibilizadas durante la mayor parte de la historia porque, como mujeres, la heterosexualidad obligatoria nos ha tenido siempre sujetas a la voluntad de los hombres. Siempre hemos sido objetos sexuales, no se ha tenido en cuenta que las mujeres también tenemos una sexualidad propia, así que hasta hace relativamente poco no se ha creído posible que haya mujeres que deseen estar con otras mujeres en lugar de (o no solo) con hombres. El propio concepto de sexo y los mitos ligados a él, como la virginidad, son patriarcales y heterosexuales, dependen de la idea de que el sexo consiste en la penetración de la vagina con un pene (todo esto teniendo en cuenta que las personas implicadas sean cis). Tanto es así, que falta mucha educación sexual en lo referente al sexo entre mujeres, lo que también afecta a las mujeres bisexuales.

Las mujeres lesbianas y bisexuales (a pesar de que esta semana fue el día de la Visibilidad Lésbica, en algunos aspectos creo que hay que hablar de ambas) vivimos en una paradoja constante. Por un lado, no se reconoce nuestra sexualidad, siempre somos “amigas” aunque demos muestras claras de que somos algo más. Por otro lado, somos hipersexualizadas constantemente y desde el punto de vista masculino. Como decía antes, la sexualidad femenina no se considera independiente sino que está al servicio de los deseos masculinos, por lo tanto, incluso cuando es entre nosotras, tiene que ser conforme a sus reglas y para su disfrute. Personalmente, creo, además, que las mujeres bisexuales son un fetiche para los hombres heterosexuales porque ellos creen que estas mujeres pueden darles placer físicamente al tiempo que les excita verlas tener sexo entre ellas, de ahí que las fantasías con mujeres bisexuales consistan normalmente en tríos entre dos mujeres y un hombre. Por otro lado, creo que el fetiche por las lesbianas tiene otra causa, por considerarlas algo inalcanzable y, por tanto, un reto a su masculinidad, que se verá reforzada si consiguen “conquistarlas”.

Hay gente que cree que las relaciones entre mujeres están más aceptadas que entre hombres. Esta creencia no tiene en cuenta la historia del lesbianismo ni la opresión que sufren las mujeres en general, simplemente iguala a mujeres lesbianas y hombres gays como si su historia y su opresión fuesen exactamente iguales. Ambos grupos sufrimos homofobia, pero más allá de eso, nuestra aceptación en la sociedad actual no es la misma por el simple hecho de que nosotras somos mujeres y los hombres, aunque no sean heterosexuales, siempre van a ser el centro de todo en un patriarcado. No estamos más aceptadas, sino más sexualizadas. Basta con hacer una búsqueda en internet para comprobar que las páginas que aparecen al buscar la palabra “lesbianas” son de pornografía, mientras que al buscar “gays” salen páginas de noticias, blogs, y alguna de contactos.

 

 

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